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Insomnio, ansiedad, miedo: las secuelas del sismo en Venezuela en niños y adultos que conviven en un escenario desgarrador

Por Anabella González, CNN en Español

Toda asistencia resulta indispensable para los afectados por los terremotos en Venezuela, que por estas horas afrontan innumerables necesidades materiales y emocionales en medio de una crisis humanitaria que crece.

Las cientos de réplicas que han ocurrido en la última semana son un recordatorio que reaviva la angustia y la incertidumbre de una realidad difícil de procesar: la de miles de muertes y personas desaparecidas, estructuras derrumbadas, hogares que ya no existen o dejaron de ser seguros, pérdida de bienes y una recuperación física y psicológica que tomará tiempo.

Los adultos, al igual que los niños, padecen desde hace días los impactos de dos sismos consecutivos que, en cuestión de minutos, cambiaron por completo sus vidas. Especialistas consultados por CNN coinciden en que el trabajo de atención en salud mental es de emergencia y que las secuelas serán perdurables.

Trastornos del ánimo, estrés post traumático, ansiedad, angustia, tristeza, duelo, insomnio, confusión y letargo, son las “consecuencias naturales” de quienes han sobrevivido “a una calamidad de esta magnitud”, dijo el martes el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, al actualizar el parte oficial sobre las consecuencias de los terremotos.

El Ministerio para la Salud de Venezuela activó el domingo una línea de ayuda telefónica en la que pone a disponibilidad asistencia psicológica para quienes la precisan.

“Desde el punto de vista psicológico, hemos venido trabajando con el 0800-AYUDA-01. De todas las llamadas recibidas, 410 llamadas, el 39 % corresponde a casos severos de afectación psicológica y psiquiátrica”, precisó Rodríguez.

Además de la línea de ayuda psicológica, los refugios y albergues cuentan con asistencia psicológica, dijo el Gobierno de Venezuela, al igual que los municipios.

Sin embargo, la mangnitud de las respuestas “no alcanza para cubrir la magnitud de las necesidades humanitarias”, afirmó en una declaración Nicole Kast, directora del Comité Internacional de Rescate en Venezuela (IRC, por sus siglas en inglés).

Los servicios médicos en los centros de salud y las unidades móviles están colapsados y los albergues a plena capacidad, agregó Kast. “Lo que vemos en los albergues es desgarrador: mujeres solas con niños pequeños, sin documentos, sin medicamentos, sin saber dónde están sus parejas o familiares”.

Todo esto genera impactos emocionales directos tanto en los adultos, como en los menores. “Los niños no duermen. Cada réplica provoca pánico colectivo en los refugios, y las consecuencias psicológicas perdurarán mucho después de que se retiren los escombros”, advirtió la directora del IRC.

Yorelis Acosta es psicóloga clínica y social desde hace casi 40 años, y también investigadora de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Cuenta a CNN que los últimos días han sido agotadores para ella y su equipo de trabajo, días en los que el desgaste físico y mental no da tregua.

“Hubo muchas réplicas y estas réplicas mueven las emociones de las personas… Sabemos que este apoyo no es de una semana, sino que será de largo plazo”, dice sobre la atención en salud mental para los venezolanos tras la tragedia que dejó al menos 2.295 fallecidos, de acuerdo con las cifras oficiales dadas a conocer el miércoles.

Además de los miles de heridos, casi 50.000 personas continúan desaparecidas en La Guaira y Caracas bajo los escombros de estructuras colapsadas, dijo el IRC en un comunicado.

En el municipio Baruta del estado Miranda, en la región centro-norte del país donde vive Acosta, lleva adelante un protocolo de psicología de emergencia para el municipio, en el que viven alrededor de 500.000 personas.

Aunque puede considerarse que en esta urbanización hubo daños materiales menos significativos en comparación con otros municipios como Chacao o La Guaira, son más de 500 las personas que actualmente viven en carpas dispuestas en el polideportivo Rafael Vidal, de La Trinidad.

“Las personas que están aquí no se quieren mover. Tienen temor de regresar a sus casas”, dice Acosta. “Tienen mucho miedo, ansiedad, trastornos del sueño y estrés post traumático”, agrega.

Las viviendas de estas más de 300 familias, dice, están siendo evaluadas por las autoridades hasta determinar si será seguro regresar. En caso de que no lo sean, deberán esperar que la Alcaldía determine cómo apoyar a las personas en esos casos. Pero es probable que eso no ocurra de un día para otro. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, prometió el lunes la construcción de nuevas viviendas para los damnificados “antes de que finalice el año”.

El impacto emocional en estas personas se siente con intensidad. Lo que más ve en sus horas de trabajo, dice Acosta, es ansiedad, miedo, y la imposibilidad de dormir por pensamientos rumiantes, pensamientos “catastróficos” y anticipatorios: “¿Y si pasa algo? ¿Y si esto se repite?”.

Ese miedo tiene motivos, más allá del episodio original. Seguido a los dos terremotos del 24 de junio hubo más de 782 réplicas registradas en la última semana, dijo este miércoles Jorge Rodríguez, que agregó que actualmente la frecuencia y en rango de magnitud de estos eventos ha disminuido, pero el temor sigue latente en los venezolanos.

Acosta trabaja con un equipo de 5 personas y tienen cuatro líneas telefónicas de atención de emergencia que, dice, no dejan de sonar. Incluso les llegan llamadas de personas fuera del municipio, que también piden ayuda.

“Es necesario que haya espacios de catarsis en los que se puedan trabajar emociones. Hay necesidad de conversar cómo vivimos cada uno el temblor, dónde estábamos cuando ocurrió, quiénes perdieron familia, quiénes se sintieron más vulnerables…”, dice la investigadora de la UCV.

Unicef estima que cerca de 4 millones de niños, niñas y adolescentes viven en las zonas afectadas por los terremotos, y que al menos 680.000 de ellos necesitan asistencia humanitaria.

Los niños suelen ser los más vulnerables cuando ocurren este tipo de desastres, señala la agencia de la ONU. “A medida que se hace más evidente la magnitud de los daños, la seguridad, la protección y el bienestar de la infancia deben seguir siendo la prioridad en la respuesta”, dijo Catherine Russell, directora Ejecutiva de UNICEF, en un comunicado.

En los últimos días se multiplicaron las historias de bebés, niños y adolescentes que fueron rescatados entre los escombros, y mientras muchos se encuentran a salvo con sus familias, otros aún son buscados.

En el refugio del municipio Baruta, Acosta cuenta que hay cerca de 130 niños, todos ellos acompañados por sus familias. Dice que es importante atender y capacitar a los padres para que ellos estén seguros y tranquilos, y puedan transmitir eso a los menores.

Hablarles sobre lo ocurrido, responder a sus preguntas, ayudarlos a expresar sus emociones y darles actividades para que se distraigan son algunas de las recomendaciones que da Unicef para acompañar a los niños que han sobrevivido a este tipo de desastres.

Horarios fijos, límites y descanso para evitar el burnout y el agotamiento por empatía son recursos fundamentales para los psicólogos y voluntarios que atienden a personas tras los terremotos.

“Todos nuestros horarios están alterados y no vamos a salir ilesos”, prevé la psicóloga Acosta.

Este impacto no solo aplica a psicólogos, médicos y profesionales de la salud. Policías, bomberos y rescatistas que llevan días trabajando en la búsqueda y rescate de sobrevivientes también necesitan de “primeros auxilios” psicológicos, dice.

Al menos 2.000 brigadistas de más de 25 países llegaron a Venezuela para sumarse a la tarea de lograr rescates que, con el paso de las horas, se vuelven cada vez más difíciles.

El cansancio, el esfuerzo y la desesperación de las familias hacen que estas sean situaciones límite para estos trabajadores.

“Todo el mundo está agotado. Trabajan en condiciones increíblemente duras y muy estresantes. Y, por eso, también hay un aspecto humano con el que es muy fácil identificarse: las personas tienen un límite de lo que pueden soportar”, dijo la experta en manejo de emergencias y desastres Samantha Penta, docente de la Universidad de Albany (Nueva York).

Muchos profesionales en estas circunstancias, dice Acosta, sienten que la ayuda que pueden dar no es suficiente y sienten culpa por descansar, pero deben hacerlo. “Tenemos que cuidarnos para seguir haciendo un gran trabajo, porque es un trabajo a largo plazo”, dice.

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Con información de Gonzalo Zegarra

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