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Descubrimientos en una cueva prehistórica sugieren una cultura compartida entre neandertales y humanos

Por Katie Hunt, CNN

El ADN antiguo reveló que nuestra especie, Homo sapiens, se cruzó con los neandertales en algún momento de la historia, pero ¿cómo fueron realmente esos encuentros durante la Edad de Piedra hace decenas de miles de años?

Los hallazgos descubiertos en una cueva de lo que hoy es Turquía indican que ambos grupos no solo se encontraron, sino que pudieron haber compartido algunas tradiciones culturales, al fabricar herramientas similares y recolectar el mismo tipo de concha.

“Nuestros hallazgos sugieren que los neandertales y los Homo sapiens probablemente compartieron más que el mismo paisaje”, dijo por correo electrónico el autor principal del estudio, İsmail Baykara, al hablar sobre la nueva investigación publicada el lunes en la revista PNAS.

“Aunque todavía no podemos demostrar un contacto directo, la notable continuidad en la tecnología, las prácticas de caza y el transporte de conchas utilizadas como cuentas es coherente con la idea de que estas poblaciones interactuaron y compartieron tradiciones culturales a lo largo del tiempo”, añadió.

Los arqueólogos ya conocían la existencia de la cueva Üçağızlı II, en el sur de Turquía, desde hace algún tiempo, pero la primera excavación sistemática comenzó en 2020, explicó Baykara, profesor del Departamento de Arqueología de la Universidad de Gaziantep, en Turquía.

Los fósiles encontrados en la cueva —cuatro dientes individuales y un fragmento parcial de mandíbula con dos dientes aún adheridos— muestran que los neandertales habitaron el lugar entre hace 77.000 y 59.000 años, mientras que los Homo sapiens ocuparon posteriormente la cueva entre hace 59.000 y 47.000 años. Estos periodos fueron determinados mediante la datación de las capas de sedimentos donde quedaron enterrados los fósiles.

Durante ese tiempo, ambas especies fabricaron herramientas de sílex similares con un estilo conocido como Musteriense, llamado así por el refugio rocoso en Francia donde fueron identificadas por primera vez este tipo de herramientas. También cazaban los mismos animales, como cabras salvajes, ciervos y jabalíes.

Una de las mayores sorpresas para los investigadores fue el hallazgo de un tipo específico de concha del molusco Columbella rustica, demasiado pequeña para servir como alimento, tanto en las capas correspondientes a los neandertales como en las de los Homo sapiens.

Aunque algunas de las conchas de C. rustica tenían perforaciones, lo que sugiere que pudieron utilizarse como adornos, los autores del estudio las describieron como “manuportes”, es decir, objetos trasladados por una persona desde su lugar de origen. Si bien esta concha de molusco había sido asociada anteriormente de forma exclusiva con los Homo sapiens, los autores señalaron que es muy probable que los neandertales también valoraran este tipo de concha marina.

“Los neandertales recolectaban y transportaban deliberadamente esta concha desde la costa del Mediterráneo, pese a que había muchas otras especies de conchas disponibles, y los humanos modernos del sitio también recolectaban Columbella rustica”, dijo el coautor del estudio Naoki Morimoto, investigador de la Universidad de Kioto, en Japón.

La cueva Üçağızlı II es uno de los pocos sitios conocidos que corresponden a un periodo decisivo, aunque poco conocido, de la historia humana.

Hace unos 60.000 años, una gran migración de nuestra especie fuera de África llevó finalmente a que los humanos modernos habitaran todos los rincones del planeta, aunque algunos grupos pioneros ya habían abandonado el continente mucho antes. Los investigadores creen que, durante esta migración más amplia, los humanos modernos probablemente se encontraron y se mezclaron con los neandertales en lugares como la actual Turquía.

No obstante, esta hipótesis se basa principalmente en patrones de población establecidos a partir del análisis de secuencias de ADN. La evidencia arqueológica directa de este periodo crucial en el Levante, una región que hoy corresponde aproximadamente a Medio Oriente y Turquía, es escasa y fragmentaria. El nuevo estudio señala que todavía no está claro si los Homo sapiens que se refugiaron en la cueva formaban parte de esa gran ola migratoria o si eran descendientes de los primeros grupos pioneros.

Ludovic Slimak, arqueólogo del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y autor del libro The Last Neanderthal: How Humans Die, dijo que la cueva representa “un descubrimiento muy importante”, porque demuestra que los humanos modernos no necesariamente llegaron para reemplazar a los neandertales con una cultura nueva y superior.

“Para mí, el punto más importante no es simplemente que los neandertales y los humanos modernos utilizaran herramientas similares o recolectaran conchas parecidas”, señaló en un correo electrónico.

“Lo que resulta mucho más interesante aquí es que, dentro del periodo cronológico correspondiente a la capa de Homo sapiens, los humanos modernos parecen haber participado en una tradición musteriense profundamente local y arraigada”.

Slimak dijo que el sitio ofrece un contraste fascinante con la cueva Mandrin, un yacimiento arqueológico en el sur de Francia donde los neandertales y los Homo sapiens habitaron en algún momento. Slimak ha dirigido las excavaciones en ese lugar.

Allí, los Homo sapiens que vivieron en el refugio rocoso aproximadamente en la misma época en que sus semejantes ocupaban la cueva utilizaban herramientas de piedra muy diferentes, posiblemente incluso tecnología de arco y flecha, mucho más elaboradas que las herramientas musterienses más voluminosas halladas en la capa neandertal de Grotte Mandrin y utilizadas por ambas especies en Üçağızlı II.

“Los dos sitios no cuentan la misma historia”, dijo Slimak. “Juntos, sugieren una imagen mucho más compleja, con múltiples poblaciones de Homo sapiens, múltiples trayectorias culturales y probablemente varias oleadas de expansión, interacción, desaparición y reemplazo”.

Baykara añadió que se necesita más evidencia arqueológica para determinar si la cueva Üçağızlı II representa un caso excepcional o si refleja un patrón más amplio.

“Esta situación única sugiere que la cultura no está determinada únicamente por la biología, sino también por las tradiciones locales, lo que permitió que diferentes especies en una misma región mantuvieran comportamientos compartidos durante miles de años”, afirmó Baykara.

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