De estar sin hogar a tener un lugar propio: cómo una organización ayuda a las personas a reconstruir sus vidas
Por Meg Dunn, CNN
Andrew Lunetta vio el mismo patrón una y otra vez mientras trabajaba en refugios para personas sin hogar en Syracuse, Nueva York.
Los hombres se iban, se mudaban a la vivienda más barata disponible y pronto regresaban buscando un lugar donde dormir.
“Era cuestión de meses, a veces semanas, para que los mismos hombres volvieran al refugio”, dijo Lunetta, de 36 años.
Después de casi una década, la lección le quedó clara: las personas no tenían problemas con la vivienda; la vivienda les fallaba a ellos.
Lunetta comenzó a preguntar a los residentes qué buscaban en un hogar. Una y otra vez, le respondían que no querían compañeros de piso, ni espacios compartidos, solo un lugar propio y apoyo que continuara una vez que tuvieran una vivienda.
Eso impulsó a Lunetta a crear “A Tiny Home for Good” en 2014. Esta organización sin fines de lucro con sede en Syracuse ha construido 23 minicasas y ha renovado casi otras dos decenas de propiedades para personas sin hogar.
Lunetta dice que las minicasas ofrecen “una sensación de calma”. Para las personas que salen de refugios —especialmente quienes lidian con trauma, enfermedad mental o trastorno por consumo de sustancias—, eso puede marcar la diferencia entre una vivienda a corto plazo y la estabilidad a largo plazo.
Las casas son pequeñas, pero completas, con cocina, baño, lavadora y secadora. Los residentes evitan los pasillos compartidos, los conflictos con compañeros de piso y el ruido constante que puede dificultar la vida en otros tipos de vivienda.
No obstante, la vivienda en sí es solo una parte del modelo de “A Tiny Home for Good”. Lunetta y su equipo brindan el apoyo a largo plazo que, de acuerdo con él, los inquilinos necesitan para salir adelante, ya sea ayuda para manejar una adicción, atención de salud mental o los recursos y el trabajo cotidianos que estabilizan sus vidas.
“La expectativa de que alguien mejore después de diez años de vivir en la calle, de que de repente tome las decisiones correctas, no se ajusta a la realidad”, afirmó Lunetta.
El apoyo se adapta a las necesidades de cada persona. Algunos necesitan seguimiento diario; otros, un contacto menos frecuente. Lo más importante, según Lunetta, es la paciencia, la constancia y la comprensión de que el progreso no será igual para todos.
El trabajo va más allá de la vivienda y la gestión de casos. El personal y los residentes se reúnen para dar paseos semanales por el vecindario, y la organización organiza grupos y actividades que les brindan la oportunidad de conectar y construir relaciones.
“Para muchos de nuestros residentes, ser invitados a formar parte de un grupo de caminata o un club de escritura es algo revolucionario”, comentó Lunetta. “Creo que es algo que muchos de ellos nunca habían tenido la oportunidad de experimentar”.
El modelo de “A Tiny Home for Good” se adapta a las necesidades de cada residente. Los inquilinos firman contratos de arrendamiento estándar y pagan el alquiler en función de sus ingresos, generalmente con un límite del 30 %. No hay requisitos de sobriedad, ni obligación de participar en terapia, ni fecha límite para desalojar la vivienda, explicó Lunetta.
Para algunos, la vivienda es permanente. El primer inquilino de la organización se mudó hace casi 10 años y todavía vive allí. Para Lunetta, ese tipo de estabilidad a largo plazo es parte del objetivo.
“Para algunos, mi esperanza es que estén con nosotros por el resto de sus vidas”, dijo.
La organización también renueva viviendas con varias habitaciones para familias sin hogar.
Para Rhea Holmes, residente de la zona, su pequeña casa significó la diferencia entre la vida y la muerte. Tras el fallecimiento de su esposo, con quien estuvo casada 26 años, su vida dio un giro devastador. Consumida por el dolor, perdió su vivienda y pasó ocho meses viviendo junto a su tumba.
“Ese era el único lugar donde sentía que era mi hogar”, dijo Holmes. “Si vivía o moría, no me importaba”.
En enero, se mudó a su minicasa solo con la ropa que llevaba puesta, un iPad y un teléfono. Ahora el espacio está lleno de plantas, fotos y sus pertenencias.
Holmes dice que el hogar le ha dado “esperanza, libertad, paz”.
“Es como poder respirar con tranquilidad”, dijo Holmes. “Ahora mi sistema nervioso puede descansar”.
También agradece a la gestión de casos de la organización por ayudarla a reconstruir aspectos básicos de su vida, como reemplazar su certificado de nacimiento, licencia de conducir y tarjeta de la Seguridad Social.
“Mi gestor de casos me ayudó a recuperar mi identidad”.
Su historia, dijo Lunetta, desafía las suposiciones que muchas personas tienen sobre quiénes experimentan la falta de vivienda y cuán rápido la vida puede desmoronarse.
“La población sin hogar sigue siendo humana”, dijo Holmes. “En cualquier momento tu vida puede cambiar”.
A Tiny Home for Good ahora alberga a 47 personas, y Lunetta planea seguir creciendo, con 23 proyectos de construcción en marcha que albergarán a más personas.
“Sigue sin gustarme que me llamen casero, pero es cierto que eso es lo que somos”, dijo Lunetta. “Creo que lo que esta población necesita son caseros que se preocupen, y eso es precisamente lo que hacemos”.
¿Quieres participar? Visita el sitio web de “A Tiny Home for Good” y descubre cómo puedes ayudar.
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