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Un enorme T. rex hallado por paleontólogos irá a subasta y preocupa a la comunidad científica

Por Jacopo Prisco, CNN

Antes de convertirse en el nombre de uno de los depredadores más grandes que jamás hayan existido —o de aparecer en las notas al pie de un catálogo de subastas— el fallecido Gary “Gus” Licking, un ganadero de Dakota del Sur, siempre sospechó que su tierra escondía algo grande.

El rancho Licking se encuentra en la Formación Hell Creek, un legendario yacimiento geológico que se extiende por Montana, Wyoming y las Dakotas. Es el lugar más importante del mundo para el dinosaurio más famoso de todos: el Tyrannosaurus rex. Uno de los primeros esqueletos de T. rex fue hallado allí en 1902, y el nombre de la especie se le dio a partir de fósiles descubiertos en esa zona.

Stan, un esqueleto de T. rex casi completo descubierto a pocos kilómetros del rancho de Licking, fue vendido en una subasta en 2020 por US$ 31,8 millones, una cifra récord en ese momento.

Ahora, la propiedad de 2.630 hectáreas del ganadero, ubicada en el condado de Harding, está escribiendo su propio capítulo en la historia de Hell Creek, tras haber dado lugar al hallazgo de un fósil de una magnitud similar a la de Stan. Bautizado como Gus en honor a Licking, el nuevo esqueleto será subastado este martes en Sotheby’s, en Nueva York, donde podría convertirse en el fósil más caro del mundo.

Pero la venta de Gus, que probablemente terminará en manos privadas, también desatará polémica por lo que representa: un dilema paleontológico en el que, según los expertos, la propiedad y la conservación entran cada vez más en conflicto, y la ciencia suele salir perdiendo.

En el caso de Gus, este dilema comenzó con un encuentro casual. Durante años, Licking encontró dientes y huesos de dinosaurios y soñó con un hallazgo mayor hasta que conoció a un desconocido que haría realidad ese sueño. “Un día pasaba por el rancho por casualidad y Gary estaba revisando un bebedero cerca de la carretera, así que me detuve y me presenté”, dijo Thomas Heitkamp, paleontólogo comercial y fundador de Theropoda Expeditions, una empresa con sede en Texas especializada en excavar fósiles en terrenos privados.

“El rancho Licking estaba en mi radar por su ubicación dentro de la Formación Hell Creek. Gary siempre había estado interesado en los fósiles y los artefactos, y tenía una colección bastante buena de objetos que había encontrado en su propiedad”, dijo Heitkamp a CNN por correo electrónico. “Creo que sabía lo rica que era su tierra en fósiles por haber pasado allí gran parte de su vida, y estaba convencido de que, si se exploraba lo suficiente, algún día aparecería un ejemplar. Me alegra que hayamos podido darle esa experiencia”.

Heitkamp y su equipo descubrieron a Gus en los terrenos de Licking en 2021. Licking señaló la ubicación aproximada del esqueleto, pero murió antes de que el equipo terminara la excavación y nunca llegó a ver el ejemplar en todo su esplendor.

Con 11,6 metros de largo, 3,8 metros de alto y un cráneo de 137 centímetros, Gus es uno de los T. rex más grandes jamás encontrados, según Sotheby’s. El ejemplar incluye 183 elementos óseos fosilizados, lo que lo hace aproximadamente un 61 % completo por número de huesos, o entre un 75 % y un 80 % completo por masa.

La casa de subastas afirmó que Gus es uno de los fósiles de T. rex más completos jamás encontrados, aunque el ejemplar es menos completo que Stan, que conserva cerca del 70 % de sus huesos, y que Sue, el primer fósil de dinosaurio vendido en una subasta, en 1997. Este último estableció el estándar con un impresionante 90 % de integridad. Según Sotheby’s, Gus también presenta marcas de mordidas y evidencia de fracturas que el dinosaurio sobrevivió, lo que podría aumentar su importancia científica.

Sin embargo, no se ha publicado ningún trabajo científico sobre Gus, porque la mayoría de los investigadores se niega a estudiar formalmente ejemplares que pertenecen a propietarios privados. Heitkamp dijo que “varios investigadores independientes” ya han visto a Gus de manera informal, pero la venta —completamente legal porque el fósil proviene de un terreno privado— reavivará el debate sobre las subastas de fósiles y la posible desaparición del ámbito público de esqueletos de T. rex, la mayoría de los cuales ya está en manos privadas.

“Si este ejemplar termina en manos de un particular, puede que el público nunca vuelva a verlo”, dijo Stuart Sumida, profesor de Biología de la Universidad Estatal de California en San Bernardino y presidente de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados (SVP, por sus siglas en inglés), una organización que se opone firmemente a la venta de fósiles. Cuando un fósil termina en manos privadas, su futuro es incierto. Algunos son prestados a instituciones como museos, aunque siguen siendo propiedad privada; otros pasan a colecciones particulares y desaparecen del ámbito público.

“No solo eso, nunca será objeto de un estudio científico adecuado: ninguna revista científica de prestigio publicará una investigación basada en un ejemplar que no esté bajo custodia pública”, añadió Sumida.

La SVP exige que sus miembros estudien únicamente ejemplares conservados en colecciones de acceso público. Esa es la única forma de garantizar que otros científicos puedan acceder a los mismos especímenes para continuar investigándolos, algo que no puede asegurarse cuando existe propiedad privada.

“Si se vende algo, por lo general se pierde para la ciencia”, dijo Sumida. Y hay muy pocas formas claras de revertir esa situación.

Heitkamp dijo que su equipo recorrió el rancho de Licking durante un año antes de encontrar a Gus en un pequeño valle con poca roca expuesta, razón por la que el fósil había pasado desapercibido. “De inmediato quedó claro que el material fósil pertenecía a un T. rex, lo que siempre es emocionante”, dijo.

Heitkamp, quien comenzó su carrera catalogando fósiles en la casa de subastas Bonhams, en Los Ángeles, antes de fundar Theropoda Expeditions en 2012, excavó el yacimiento del rancho Licking durante tres temporadas de trabajo de campo, entre 2021 y 2023. Él y su equipo solo podían trabajar alrededor de cinco meses al año, cuando el suelo no estaba congelado.

“Excavamos a mano un área de unos 650 metros cuadrados para recuperar todo el material”, dijo. “El sitio tenía varias fallas naturales, lo que dificultó seguir la capa donde estaban los fósiles. La enorme cantidad de huesos distribuidos en un área tan amplia planteó importantes desafíos técnicos”.

Después de la excavación siguió un trabajo de laboratorio de igual magnitud para aislar, identificar y limpiar correctamente los huesos, rellenar los espacios dejados por los huesos faltantes con piezas esculpidas en resina epoxi y, finalmente, montar el esqueleto en una “postura de depredador” sobre una estructura de acero hecha a medida, según Sotheby’s.

Además de su gran tamaño, Gus tiene otras características que lo hacen especialmente atractivo. El cráneo conserva cerca del 82 % de sus huesos originales y el esqueleto incluye piezas que rara vez se encuentran, como la fúrcula, una pelvis completa y ambos pies. Sotheby’s dijo que solo se conoce otro ejemplar con los dos pies tan bien preservados.

Sotheby’s estima que Gus podría venderse por hasta US$ 30 millones, aunque esa cifra probablemente sea conservadora. El actual récord en una subasta de fósiles corresponde a Apex, un Stegosaurus adquirido en 2024 por el multimillonario Ken Griffin. Antes de la venta se estimaba que alcanzaría hasta US$ 6 millones, pero finalmente se vendió por US$ 44,6 millones.

Gus también incluye “todos los derechos”, lo que significa que no contiene piezas protegidas por derechos de autor procedentes de otros dinosaurios. Eso podría hacerlo más atractivo para los compradores potenciales e impulsar aún más su precio, ya que adquirirían también esos derechos. Habitualmente, cuando a un esqueleto le falta un hueso, se utiliza un molde obtenido de otro ejemplar para completar la pieza. El estándar de facto para ese proceso ha sido Stan, el T. rex hallado en el mismo condado de Dakota del Sur que Gus.

“En la mayoría de los museos que tienen un T. rex, lo que en realidad se ve es una réplica de Stan, y la mayoría de los T. rex que han salido al mercado antes incluían parcialmente material de Stan, porque era la única fuente para obtener réplicas completas”, dijo Cassandra Hatton, vicepresidenta de Sotheby’s y directora mundial del departamento de Ciencia e Historia Natural, quien estuvo a cargo de la venta de Apex y ahora dirige la de Gus.

“Este T. rex no contiene ningún material de Stan. El equipo que excavó este dinosaurio también ha excavado otros T. rex y creó sus propios escaneos y moldes de todas las piezas, por lo que pudieron hacer que Gus fuera completamente independiente de Stan”, dijo Hatton. Un comprador podría convertir a Gus en un competidor de Stan y comercializar réplicas para museos o coleccionistas privados.

Hatton reconoció que no es posible realizar un estudio científico formal sobre Gus, pero añadió que “todos los grandes museos del mundo comenzaron a partir de colecciones privadas”. Según ella, la inversión de tiempo y dinero necesaria para excavar y preparar un esqueleto como Gus no sería posible sin la perspectiva de una venta de alto valor.

“Nadie puede negar que, si estos fósiles no se excavan, se pierden”, afirmó. “No hay personas saliendo a buscarlos. Son los paleontólogos comerciales quienes invierten su propio dinero y su propio tiempo para hacerlo”.

Cuando se le preguntó dónde esperaba que terminara Gus, Hatton respondió: “En algún lugar donde pueda llevar a mi hijo a verlo”.

Heitkamp coincide con Hatton sobre la urgencia de recuperar fósiles como Gus. “No sé dónde terminará finalmente Gus”, dijo, “pero sí sé que era importante encontrarlo antes de que el paso del tiempo lo borrara por completo”.

Ese argumento tiene parte de razón, según David Hone, paleontólogo y profesor de Zoología en la Universidad Queen Mary de Londres. “Solo hay un número limitado de paleontólogos en el mundo con tiempo para excavar, recolectar material y llevarlo a los museos, así que algunas cosas sí se perderían, sin duda, incluso algunos hallazgos muy valiosos”, dijo.

Sin embargo, Hone sostuvo que un museo u otra institución pública podría recuperar ejemplares como Gus con facilidad si los propietarios de los terrenos donde aparecen estos fósiles así lo quisieran. Esas instituciones podrían poner a un paleontólogo profesional, y no a uno comercial, al frente de la excavación.

“Si me dieran un millón de dólares, probablemente sería más que suficiente para encontrar y excavar un T. rex. Con cinco millones prácticamente estaría garantizado. No sé si sería tan bueno como este, pero costaría una décima parte, quizá una vigésima parte de su precio”, dijo.

Sumida, de la SVP, coincide en que los propietarios privados que creen tener fósiles valiosos en sus terrenos también pueden recurrir a un museo en lugar de a una empresa comercial. “Sugerir que de algún modo están salvando a los dinosaurios para el mundo es una gran exageración, porque los paleontólogos pueden hacerlo y ayudarles a obtener beneficios económicos”, afirmó. “Tengo muchos colegas que han realizado un trabajo extraordinario con propietarios privados”.

Una posible solución a este dilema, según Sumida, sería crear un equivalente científico del Giving Pledge, la iniciativa impulsada por Warren Buffett, Bill Gates y Melinda French Gates para animar a las personas más ricas del mundo a donar más de la mitad de su patrimonio a causas filantrópicas y organizaciones benéficas.

Tras hablar con algunos compradores de fósiles de gran valor, Hone dijo que cree que quieren tener tanto la propiedad como el acceso público al ejemplar, pero que no pueden tener ambas cosas.

“No pretendan decir que le están haciendo un favor a la ciencia pagando US$ 50 millones para poner un T. rex en su casa, porque simplemente compraron algo. Es igual que si encuentran un Ferrari ultrarraro en un granero, lo restauran y lo guardan en su casa. Eso no beneficia a los aficionados a los autos; simplemente ahora es suyo. Y está bien, pero no aporta ningún beneficio ni alegría a nadie más”, dijo Hone. “Los fósiles no son ejemplares científicos hasta que llegan a los museos, y no son estudiados formalmente hasta que están en los museos”.

A veces, ni siquiera terminar en un museo es suficiente. Apex, el Stegosaurus, está actualmente en préstamo por cuatro años en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York y puede ser visto por el público, pero, según Sumida, eso no resuelve el problema.

“La gente podrá verlo, pero una vez que montas un ejemplar ya no puedes estudiarlo. Hay que estudiar cada una de las piezas por separado o analizar cómo estaban asociadas en el terreno”, dijo. “Una vez que alguien reconstruye parte del fósil con yeso y lo pinta, puedes mirarlo, pero no estudiarlo. Gus también fue montado para verse muy, muy bonito y lograr que alguien lo compre. Ahora ya no se puede estudiar”.

La SVP envió una carta al museo expresando su oposición al préstamo de Apex, al señalar que su carácter temporal hace imposible garantizar el acceso permanente de los investigadores, otro requisito indispensable para realizar estudios científicos.

CNN se comunicó con el Museo Americano de Historia Natural para solicitar comentarios. El museo no respondió, pero remitió un comunicado de prensa de 2024 sobre el inicio del préstamo de Apex. En una declaración incluida en ese documento, Roger Benson, curador Macaulay de Paleontología del museo, dijo: “Tan emocionante como es tener este dinosaurio en exhibición, aún más emocionante es tener la oportunidad de estudiarlo y poner a disposición de los investigadores importantes datos científicos”.

La declaración hace referencia a que el museo puso a disposición de los investigadores escaneos digitales en 3D del fósil. Sin embargo, según la SVP en su carta, esos escaneos no resuelven el problema, ya que no pueden sustituir el valor científico de estudiar el fósil original.

“Cuando publicamos una investigación, debemos asegurarnos de que pueda reproducirse, es decir, que otros científicos puedan revisar nuestros datos y resultados y verificar nuestras conclusiones, o refutarlas”, dijo Steve Brusatte, profesor de Paleontología y Evolución de la Universidad de Edimburgo, en Escocia. “Como científicos, no podemos vivir en un mundo donde algún oligarca sea el guardián que decide qué investigadores pueden estudiar un fósil y cuáles no. Imaginen eso: un hombre muy rico es dueño de un fósil y permite que uno de mis colegas lo estudie, pero no me deja a mí porque no comparte mis opiniones políticas o porque detesta mi equipo favorito de béisbol. La ciencia verdaderamente abierta, el estándar de excelencia, no puede existir en un mundo así. Por eso nuestra ética profesional exige que los fósiles se conserven en museos para que podamos estudiarlos y publicar investigaciones sobre ellos”.

Con precios de US$ 30 millones o más, ningún museo u otra institución pública puede permitirse participar en este tipo de subastas, según Brusatte. Pero las subastas públicas como esta podrían ser apenas la punta del iceberg.

“He oído de ventas privadas de ejemplares de T. rex que superaron los US$ 50 millones”, dijo Susannah Maidment, experta en fósiles e investigadora principal del Museo de Historia Natural de Londres. “Es una cantidad de dinero que transformaría por completo las colecciones, las instalaciones y las galerías de cualquier museo o universidad del Reino Unido”.

El debate sobre las subastas de fósiles suele plantearse como una discusión sobre la propiedad, cuando en realidad se trata de una discusión sobre la custodia, dijo Kristi Curry Rogers, profesora de Biología y Geología en Macalester College, en St. Paul, Minnesota, y vicepresidenta de la SVP.

“Los fósiles de importancia científica son registros irreemplazables de la historia de la Tierra. Cada uno de estos ejemplares representa información que nunca podrá recrearse una vez que se pierda o deje de estar accesible”, afirmó.

“Los ejemplares de importancia científica deben conservarse de manera permanente en instituciones que garanticen el acceso a futuros investigadores y al público. Ese principio protege no solo la ciencia de hoy, sino también la posibilidad de que las futuras generaciones de científicos formulen y respondan preguntas que hoy ni siquiera podemos imaginar”.

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