¿Qué le falta a Colombia para dar un paso más en el Mundial?
Análisis por Luis E. Quintana Barney, CNN en Español
Valdría la pena decir que en estas líneas no se entrará en el trillado asunto de la mentalidad del futbolista colombiano, ese que, como efecto residual, desdeña cuando ocurren las desgracias en el fútbol —porque ocurren— o que remiten a un supuesto amilanamiento cuando el reto se hace superior.
Colombia jugará un Mundial de fútbol por séptima vez. El más grande jamás organizado, con 48 equipos, y quien pise la final o el inútil partido por el tercer puesto disputará un total de ocho encuentros. Tres partidos están asegurados, los del Grupo K contra Uzbekistán, la República Democrática del Congo y Portugal, en ese orden.
Se trata de un sprint: un torneo corto, intenso, de la mayor exigencia, con poquísimo margen para el error. Lo contrario a las extensas eliminatorias de la Conmebol, que duran años y cuyo desarrollo permite redimirse de bajones o resultados adversos. En conjunto, la Copa América ofrece una imagen más acorde al tipo de esfuerzo que se requiere en términos de conquistar un objetivo, que no es otro que alzarse con un título.
Y en ambos, tanto en la larga eliminatoria como en la antigua copa que reúne a las naciones sudamericanas, el técnico argentino Néstor Lorenzo ha estado con Colombia. Desde que se inició su proceso en 2022, se evidencia que Colombia puede generar un juego ofensivo que da frutos. En la eliminatoria, por ejemplo, fue el equipo que más goles marcó después de Argentina (28), y fue la diferencia de gol la que ubicó a la tricolor en el tercer puesto de la tabla de clasificación, dado que compartió los mismos puntos con Uruguay, Brasil y Paraguay. También fue el equipo que más goles hizo en la Copa América de 2024 (12 anotaciones).
Sin embargo, a esta selección los errores le salen demasiado caro.
Mathías Olivera, de Uruguay marcó en octubre de 2023 un gol en el Metropolitano de Barranquilla recién empezado el segundo tiempo y en ese partido en casa no se pudo sumar de a tres puntos. En la visita a Montevideo, más de un año después en la misma eliminatoria, Colombia empata un partido al minuto 90+6, pero lo pierde al 90+11 tras un gol de Ugarte. En la final de la Copa América de 2024, en la prórroga, una bola perdida en una salida y un pase de Giovani Lo Celso dejó a Lautaro Martínez mano a mano para hacer el gol que le dio un nuevo título a Argentina. Y así como esos hay muchos más. Colombia sufre en los detalles.
En diálogo con Elizabeth Pérez, de CNN, en noviembre, Néstor Lorenzo señaló varias cosas a fortalecer antes del Mundial: “El equipo ya demostró que compite a gran nivel, con rivales de gran talla, con los mejores del mundo. Pero necesitamos mejorar un poquito de pulir los pequeños detalles, los cierres de los partidos, los inicios, los cierres, de salir de situaciones que a lo mejor nos enfrascamos en errores en la salida o en la definición y eso es lo que define los partidos”.
En plena preparación para la Copa del Mundo, Colombia enfrentó en marzo de este año a Croacia y Francia. Perdió ambos encuentros, pero la alineación ‘alterna’ del conjunto galo probó como pocas veces esos errores que desmoralizan al aficionado cafetero, esos que ensucian las ganas, que contaminan la emoción. Esencialmente porque Lorenzo los encaró con el que, a grandes rasgos, sería el equipo titular en el Mundial, con pocas novedades en el planteamiento que ha mostrado Colombia desde hace mucho tiempo; un 4-2-3-1 que tiene como núcleo a James Rodríguez.
Néstor Lorenzo, en las buenas y en las malas, ha dicho que el grupo está fuerte y unido. No hay razón para poner eso en duda: los jugadores se la llevan bien y la fortaleza de ese vínculo es esencial para llegar lejos en el reto que se viene.
Infortunadamente, las dudas futbolísticas de la selección no han surgido de la nada, como una yerba que crece en medio del pavimento. Son incertidumbres que persisten. Y la mayor es el rendimiento del capitán de la selección, James Rodríguez, quien sigue siendo el eje central del esquema de Lorenzo a pesar las vicisitudes del 10 para sumar minutos de juego en partidos profesionales —como para no hablar del nivel competitivo del Minnesota United, a donde fue a recalar en febrero tras una pausa de meses—.
Lorenzo sigue siendo poco flexible a la hora de mostrar un esquema que no tenga a James en la ecuación, o a Juan Fernando Quintero, en su defecto, otro jugador talentoso con el balón pero que, al igual que James, cuando no tienen el balón, cuando el juego no se distribuye a través de sus pies, palidecen en labores de recuperación y marca.
“Hay jugadores de jugadores. Hay algunos que están instalados dentro del equipo, conocen lo que hacen y siempre han rendido en el equipo. Sin duda queremos que vengan todos de la mejor manera, pero tenemos tiempo en la previa (del Mundial) de preparar a los que ya nos conocen”, dijo el técnico argentino en conferencia de prensa antes de enfrentar a Croacia en marzo, citado por la agencia EFE.
¿Qué privilegia el técnico argentino, entonces? ¿Robustecer el proyecto que se ha visto en los últimos años con la mayoría de los mismos jugadores —con o sin ritmo— o priorizar el rendimiento de los que gozan de un “buen presente”? La convocatoria total de los que irán al Mundial debería proporcionarle a Lorenzo opciones para que él pueda gestionarlas rápidamente, según la coyuntura, pero la poca flexibilidad de Lorenzo también pasa por ahí: por tardarse en ejecutar cambios.
Hay jugadores de jugadores, sí, Lorenzo tiene razón en eso. Contamos con los goles de Lucho Díaz y su frescura para darle al fútbol algo más que estadísticas en tiempo real. Desde luego que James Rodríguez también ha sido uno de esos fuera de serie. Que si su físico da para 90 minutos, lo más probable es que no, pero la apuesta del técnico en su juego reside en la facultad de lo posible, y se sabe que James es capaz.
Colombia no es una selección histórica, pero tiene su historia. Quien remita a la vitrina de títulos de la tricolor solo verá uno, el de la primera Copa América de este siglo. Pero piénsese en cómo se ha transformado en los últimos 25 años la plataforma de la selección colombiana masculina de mayores para que pueda competir mejor. Presupuestos millonarios, logística, producción, instalaciones, torneos en divisiones juveniles, patrocinios, varios jugadores en las mejores ligas del mundo, por enumerar algunos componentes.
Nada de eso asegura que se juegue bien al fútbol, por supuesto, y quien crea que Colombia pertenece a la élite del fútbol es un orate. El argentino Jorge Valdano mencionaba que hay que “acumular méritos suficientes para poder triunfar”, y el camino de Colombia tal vez vaya por ahí, haciendo méritos que la encaminen a un triunfo. Que no es otra cosa que la consecuencia de un proceso y, en ese sentido, uno de los modelos llamativos es Uruguay, una selección que sí es histórica, y que pese a ser un país pequeño pareciera que ha perfeccionado una labor desde la infancia con el fútbol.
Colombia está en condiciones de competir. Parece una obviedad, pero tratándose de una selección cuyo máximo logro mundialista ha sido alcanzar los cuartos de final en una sola ocasión, no lo es. Y cuando se habla de competir no es solo participar de manera regular en los torneos, es saber competir en los momentos cruciales: tener la preparación para evitar esos errores que cuestan caro, tener la confianza para sentirse ganadores, e incomodarse para exigirse más.
Y aquí hay que hacer una salvedad: tener confianza en ganar no es lo mismo que percibirse favorito. El favoritismo dinamita la confianza tanto como un optimismo sin autocrítica. No puedo dejar de pensar en las lúcidas palabras del cronista colombiano Luis Tejada, escritas hace más de un siglo: “El optimismo es una aberración intelectual tan interesante, por lo menos, como el pesimismo, pero evidentemente más falsa, y hasta en cierto modo más perjudicial”.
El liderazgo dentro de la cancha debe contagiar a los demás de esa confianza que permita sortear los instantes cruciales. La confianza elimina el miedo, y la confianza se puede trabajar. ¿Quién es ese líder en esta Colombia? ¿O esos líderes que impulsen al equipo más allá de la tecnocracia en la que está sumido el deporte actual? Porque con certeza Lorenzo y su cuerpo técnico han estudiado con todo lo que la tecnología puede ofrecer a Uzbekistán, la República Democrática del Congo y Portugal, así como otras selecciones han estudiado a Colombia como posible rival si llegase a pasar primera o segunda del grupo (o uno de los mejores terceros). En el fútbol de hoy casi nada queda al azar, y eso no está mal, pero en el proceso —con VAR incluido y nuevas reglas arbitrales que se estrenarán en este Mundial— cuánto sabor ha perdido el fútbol.
Finalmente, una súplica para evitar dolores conocidos, una súplica para sortear bien un instante crucial: que se entrenen hasta el cansancio en cómo patear penales.
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