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El mapa de calor después de las últimas elecciones: quiénes son los aliados, rivales y enemigos de Trump en América Latina

Por Manuela Castro y Gonzalo Zegarra, CNN en Español

La segunda presidencia de Donald Trump en Estados Unidos continúa reconfigurando el mapa político de América Latina. En un escenario marcado por la expansión económica y diplomática de China, que en las últimas dos décadas multiplicó por más de 20 su comercio con la región, el mandatario republicano parece definir aliados y detractores más por afinidad ideológica que por una lógica de cooperación entre estados, mientras la región parece dar un giro favorable a sus intereses.

Perú definirá en segunda vuelta este domingo entre la derechista Keiko Fujimori, más cercana a las ideas económicas de Trump, y el izquierdista Roberto Sánchez. Por su parte, Colombia elegirá el 21 de junio al sucesor de Gustavo Petro, que tuvo varios momentos de confrontación con Washington. El oficialista Iván Cepeda promete mantener la línea, mientras que el ultraderechista Abelardo de la Espriella, quien encabezó la votación y ahora es visto como el favorito, promete dar un giro de 180 grados y tener relaciones estrechas con la Casa Blanca.

Estos procesos electorales están precedidos por varios resultados favorables a la política trumpista en los últimos meses: Nasry Asfura, apoyado explícitamente por la Casa Blanca, ganó en Honduras; el oficialismo en Costa Rica, aliado de EE.UU., mantuvo el poder; y el ultraderechista José Antonio Kast venció a la izquierda en Chile.

La política exterior de Trump, con mecanismos coercitivos como la guerra arancelaria, la ofensiva migratoria, el despliegue militar en el Caribe y en algunos casos la injerencia electoral, se volvió más confrontativa que durante su primer mandato, potenciando los vínculos uno a uno y manteniendo a los líderes latinoamericanos en constante alerta.

La región, además, atraviesa una crisis de multilateralismo que propicia el bilateralismo impulsado por Trump. De hecho, el bloque que más se consolidó en los últimos meses fue uno impulsado por la Casa Blanca: el Escudo de las Américas, una alianza de seguridad que tuvo su primer foro en Miami con la participación de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y República Dominicana.

Con este panorama, si se concretan triunfos de la derecha en Perú y Colombia, el panorama podría terminar de girar hacia fin de año en Brasil, donde Lula da Silva busca la reelección, con Flavio Bolsonaro como principal oponente. Si el Partido de los Trabajadores no logra conservar el poder, dejaría casi en soledad a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

La figura de Trump se transformó en una carta de peso en las campañas domésticas de los países que eligen nuevos presidentes o autoridades. Sin embargo, analistas consultados por CNN coinciden en que es difícil trazar una estrategia definida. “El MAGA (Make America Great Again) se mueve por impulsos”, explica a CNN Mónica Hirst, doctora en Estudios Estratégicos y profesora en el Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. En un momento de crisis del regionalismo y de preferencia creciente por el bilateralismo, “cada vínculo es único, cada relación se negocia de manera directa, sin marcos colectivos”. Y así, concluye Hirst, “de impulso en impulso se va construyendo una nueva realidad que tiene que ver con un nuevo orden global internacional”.

Javier Milei (Argentina) – El presidente argentino es el aliado ideológico por excelencia de la región, un claro exponente de los líderes de extrema derecha en el mundo y con una lealtad explícita hacia Trump. Su propio ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que probablemente Milei “era su fan número uno”. Y Trump no solo lo correspondió con elogios -llegó a llamarlo su “presidente favorito”-, sino que también lo apoyó de manera inédita durante la campaña de medio término en Argentina, que resultó en un triunfo rotundo del oficialismo.

Presionado por los mercados y la escasez de divisas, luego de una derrota contundente en la provincia de Buenos Aires -el distrito con mayor peso electoral del país-, Milei fue recibido en la Casa Blanca semanas antes de la elección nacional. El resultado: fue beneficiado por un rescate inédito y la intervención directa del Tesoro de EE.UU. en el mercado argentino comprando moneda local.

Este año, Argentina, que acompaña a EE.UU. en cada votación en la ONU, firmó un Acuerdo de Comercio en Inversión Recíproca y un acuerdo de patrullaje conjunto del Atlántico Sur, que amplía la participación del Comando Sur estadounidense en la zona. También avanzó en negociaciones para garantizar acceso a minerales estratégicos como el litio.

“Lo amo porque él ama a Trump -había dicho Trump sobre Milei meses atrás-, amo a todo el que me ama”. Esa frase podría fundamentar el origen de la afinidad, pero, además, Milei funciona como una carta ejemplificadora de lo que EE.UU. está dispuesto a hacer con los países que se alíen con su administración. El contrapunto son las exigencias que ahora pesan sobre Argentina: tanto Trump como funcionarios de su Gobierno dejaron en claro su intención de limitar la presencia de China -uno de los principales socios comerciales de Argentina y con quien tiene un acuerdo de swap- al sur del Continente.

Nayib Bukele (El Salvador) – El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, con su política de mano dura contra el crimen organizado y su estética de presidente antiestablishment también se posiciona como un aliado ideológico de Trump. Aunque, durante la campaña, el republicano lo criticó por supuestamente “exportar criminales” a Estados Unidos, la relación se recompuso rápidamente: Bukele fue invitado a la investidura del republicano y luego, se convirtió en el primer mandatario latinoamericano en ser recibido oficialmente en el Salón Oval.

A cambio, fortaleció su rol como socio clave en la agenda migratoria al aceptar deportados en su gigantesco Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), consagrándolo como un socio estratégico de Washington.

En los primeros meses de 2026, las deportaciones de EE.UU. se duplicaron con respecto al mismo período de 2025, lo que consolida la colaboración de El Salvador con las políticas de EE.UU.

Daniel Noboa (Ecuador) – Daniel Noboa, presidente de Ecuador, es un aliado clave de la Casa Blanca en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico. En 2025, presionado por los ataques de Estados Unidos a lanchas con presuntos cargamentos de droga en aguas del Pacífico y el Caribe, trató sin éxito de eliminar mediante un referéndum la prohibición constitucional para establecer bases militares extranjeras en el país y permitir así instalaciones del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU.

Para la campaña de las elecciones de 2025, Noboa contrató a una empresa de cabildeo y asesoría para acercarse a la administración Trump. Y su deseo se cumplió: antes del balotaje en el que venció a la candidata correísta Luisa González, Noboa viajó a Mar-a-Lago y fue recibido por el republicano en un encuentro privado que se interpretó como un claro gesto de respaldo político.

Desde entonces, la relación bilateral se mantiene activa con acuerdos para combatir organizaciones criminales transnacionales e intercambio de información. El año pasado, EE.UU. nombró a las bandas ecuatorianas Los Lobos y Los Choneros como organizaciones terroristas extranjeras, algo que fue celebrado por Noboa como “un apoyo” de Washington para “recuperar el país”. A principios de marzo, Estados Unidos y Ecuador anunciaron que comenzarían a realizar operativos conjuntos contra agrupaciones delictivas. Según dijo Noboa a CNN, las operaciones con EE.UU. han sido lideradas siempre por el Ejército ecuatoriano y han contado con asistencia tecnológica y de inteligencia.

De todos modos, para el Gobierno de Noboa es un reto cumplir con la exigencia de la Casa Blanca de distanciarse de China.

Santiago Peña (Paraguay) – El presidente de Paraguay es otro de los aliados incondicionales de Donald Trump. Consolidó una agenda de cooperación con Washington mediante acuerdos como el de “tercer país seguro” que permite trasladar a Paraguay solicitudes de asilo pedidas en Estados Unidos, convenios de defensa y coordinación regional -como la cumbre de jefes de fuerzas aéreas americanas (CONJEFAMER 2025)- y respaldó la agenda de control migratorio promovida desde la Casa Blanca.

Fue el único mandatario sudamericano invitado a la Cumbre de la Paz en Egipto, tras haberse mostrado junto al republicano en una recepción en la ONU que le valió su primera foto internacional con él. En octubre, Estados Unidos levantó las sanciones al expresidente Horacio Cartes, en un gesto interpretado como parte del fortalecimiento del vínculo bilateral bajo la administración Peña.

En marzo, tal como hizo Ecuador, el Gobierno de Paraguay aprobó una mayor presencia militar estadounidense en su territorio, con el El Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA por sus siglas en inglés), para entrenamientos, ejercicios conjuntos y asistencia humanitaria. El Departamento de Estado y la Cancillería de Paraguay lo calificaron de “histórico”.

José Antonio Kast (Chile) – El presidente de Chile asumió en marzo luego de una campaña en la que reivindicó plataformas asociadas al trumpismo: control migratorio, mano dura, reducción del Estado y oposición a agendas progresistas.

Kast fue invitado a la cumbre del Escudo de las Américas aunque todavía no era mandatario y allí se retrató con líderes afines.

Aunque Chile mantiene profundos vínculos comerciales con China y aplica un balance en sus relaciones diplomáticas con las potencias, dio una muestra de acercamiento a EE.UU. con la firma en abril de un memorando para impulsar la explotación de inerales críticos (como cobre y litio) y tierras raras.

Nasry Asfura (Honduras) – El presidente inició su mandato en enero con una deuda a Trump: el líder estadounidense pidió a los hondureños que voten por él dos días antes de las elecciones y criticó a sus rivales, en un mensaje que sacudió una ajustada campaña.

Con su triunfo, cambió la política exterior del país, que bajo la gestión de Xiomara Castro mantenía algunas tensiones con Washington.

Ya como mandatario, visitó a Trump en la Casa Blanca en febrero, cuando anunció compromisos para combatir el narcotráfico y la migración irregular, y ha emprendido reformas favorables al enfoque estadounidense.

Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) – Lula Da Silva, el presidente de Brasil, es uno de los líderes históricos de la izquierda latinoamericana. Si bien sostiene una política exterior pragmática y supo construir vínculos a un lado y otro del arco ideológico global, defiende banderas contrarias a las de Trump. De hecho, se posicionó frente al republicano desde antes de que volviera a Washington.

El vínculo ha tenido idas y vueltas. En 2025, Trump impuso aranceles del 50% a productos brasileños como presión para que se ponga fin al juicio contra el expresidente Jair Bolsonaro -quien finalmente fue condenado por intento de golpe de Estado- y Lula le respondió que “no fue elegido para ser emperador del mundo”.

Las tensiones desescalaron luego de una reunión en Nueva York, un encuentro bilateral en Malasia y, este año, una visita de Lula a la Casa Blanca. El presidente de Brasil demostró que, para sentarse a negociar con Trump, no necesariamente el camino es la adulación. Sin embargo, cuando parecía que Trump no interferiría en el proceso electoral, recibió a Flavio Bolsonaro en Washington y luego cumplió con el pedido del opositor para declarar organización terrorista a dos bandas criminales brasileñas.

Claudia Sheinbaum (México) – El vínculo entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump está atravesado por dos datos ineludibles: México comparte más de 3.000 kilómetros de frontera con Estados Unidos, que es su principal socio comercial: cerca del 80 % de las exportaciones del país dependen del mercado de su vecino del norte

En ese marco de fuerte interdependencia, la presidenta de México busca un equilibrio entre mantener la “cabeza fría” -como ha repetido en más de una oportunidad en sus conferencias matutinas- y reaccionar con firmeza cuando considera que la soberanía de su país está en juego. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump apostó a tensar la relación: renombró el Golfo de México como “Golfo de Estados Unidos” y presionó con imponer aranceles si no se frenaba el flujo de drogas y migrantes indocumentados. Aunque algunas de esas medidas siguen vigentes, Sheinbaum logró poner en pausa los aranceles más altos y lleva adelante una estrategia que combina cooperación fronteriza con extradiciones históricas de decenas de narcotraficantes, mientras defiende la soberanía: no aceptó que EE.UU. enviara soldados al país bajo pretexto de combatir al narcotráfico.

Las tensiones se aceleraron en las últimas semanas, tras la muerte de dos agentes estadounidenses tras un operativo antidrogas en Chihuahua y luego de la acusación de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa. Pero Sheinbaum dijo en conferencia de prensa: “No creo que sea el presidente Trump quien ha encabezado esta ofensiva en distintos temas”.

México navega así entre su dependencia comercial y las exigencias crecientes en materia de migración y seguridad, mientras Trump vuelve a usar el comercio como herramienta de presión política. En ese tablero, Sheinbaum intenta sostener la autoridad interna sin caer en un enfrentamiento abierto con el mandatario estadounidense.

Delcy Rodríguez (Venezuela) – Tras la captura de Nicolás Maduro, la presidenta encargada de Venezuela no confrontó con Washington. Por el contrario, la relación está en su mejor momento en varios años.

Rodríguez envía mensajes de soberanía para la militancia, pero los mensajes hacia Estados Unidos han sido de diálogo, aceptando las condiciones impuestas por la Casa Blanca para el levantamiento parcial de sanciones petroleras y financieras.

El chavismo a su vez impulsó una reforma clave a la ley de hidrocarburos y anunció cambios en el sistema tributario, previsional y salarial. También comenzó la reestructuración de su deuda soberana y aprobó una ley de amnistía a presos políticos que fue presentada como parte de la normalización institucional que exige Washington. La embajada de EE.UU. en Caracas reanudó algunas de sus operaciones.

Como parte del nuevo tutelaje, Venezuela cortó el envío de petróleo a Cuba. Además, varias de las licencias o levantamiento de sanciones aplican excepciones para rivales de EE.UU., como Rusia o China.

Yamandú Orsi (Uruguay) – El presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, es otro de los mandatarios de la región que elige pasar desapercibido ante Washington. Si bien sus orígenes políticos lo ubican en las antípodas del republicano -su mentor, Pepe Mujica, llegó a calificar el triunfo del republicano como un “desastre de la democracia”-, Orsi se posicionó conciliador en reacción a los aranceles que Donald Trump impuso a su país, el 10% de arancel base, y dispuesto a dialogar.

Sin embargo, su posicionamiento ideológico es claro y opuesto a Washington: en la ONU pidió la suspensión de operaciones militares en Gaza y más tarde suscribió a un comunicado de algunos países miembros de CELAC expresando “profunda preocupación” por el despliegue militar “extra-regional en la región”, en referencia a la presencia estadounidense en el Caribe.

Además, Orsi ha estrechado los lazos con China, mediante una visita a Beijing en febrero y la firma de varios acuerdos de cooperación, aunque mantiene un tono cordial hacia la Casa Blanca.

Daniel Ortega y Rosario Murillo (Nicaragua) – Ortega y Murillo, copresidentes de Nicaragua, figuran en la lista de los líderes antagónicos Donald Trump en la región desde el primer mandato del republicano.

Washington emite cada cierto tiempo nuevas sanciones contra funcionarios del Gobierno sandinista, familiares o empresas vinculadas a la pareja presidencial.

No hay manera de que Ortega no se encuentre en la página del álbum de los enemigos: tiene un discurso abiertamente antiestadounidense y cercanía con La Habana y Beijing, convirtiéndose en uno de los principales adversarios ideológicos de la Casa Blanca en América Latina.

De todos modos, Managua generalmente evita confrontar directamente con Washington para evitar medidas como las aplicadas contra Cuba y Venezuela.

Miguel Díaz-Canel (Cuba) – El peso de Florida en la política exterior latinoamericana del Gobierno de Donald Trump, con Marco Rubio como uno de sus máximos representantes, no es bueno para Cuba y su presidente, Miguel Díaz-Canel. El secretario de Estado de EE.UU., hijo de exiliados cubanos, es un rotundo adversario del Gobierno comunista en la isla. Y, aunque la relación de Trump y Díaz-Canel tampoco gozó de buena salud en el primer mandato del republicano, esta nueva administración llevó la presión a niveles no vistos desde la Guerra Fría.

Después de haber restablecido sanciones económicas, endurecer el embargo y reincorporar a Cuba a la lista de países patrocinadores del terrorismo, en 2026 Washington aplicó un bloqueo petrolero que agravó la crisis energética de la isla. En mayo, autoridades estadounidenses presentaron cargos contra Raúl Castro, lo que fue rechazado por Díaz-Canel.

En paralelo, se entablaron contactos diplomáticos discretos, incluida una reunión del jefe del Comando Sur con altos mandos militares cubanos. Hasta ahora, no hubo contactos directos entre Díaz Canel y Trump.

José Raúl Mulino (Panamá) – El canal de Panamá es central en la identidad nacional de ese país y representa el 23% de los ingresos anuales, según un estudio de IDV Invest.

Por eso, las presiones que Donald Trump ejerció sobre el presidente José Raúl Mulino desde la campaña en Estados Unidos, amenazando con retomar su posesión, marcaron el pulso de ese vínculo. Según el republicano, el paso interoceánico estaba bajo control secreto de China, acusación que tanto Beijing como el gobierno panameño rechazaron.

Pero esas presiones pusieron a Mulino en la disyuntiva de defender la soberanía local sin romper la relación con Washington, su principal socio comercial y mayor fuente de Inversión Extranjera Directa, según datos del Ministerio de Comercio e Industrias de Panamá.

Para Trump, el canal es un punto neurálgico de su disputa geopolítica con China y, aunque Mulino intenta mostrarse pragmático y dice que “la tensión entre Norteamérica y China es un asunto bilateral que no debe involucrar a Panamá”, en el último año se consolidó como un socio de la Casa Blanca: el Gobierno asumió la concesión de los puertos de Balboa y Cristóbal -que eran operados por la empresa hongkonesa CK Hutchison- y decidió no renovar el acuerdo de cooperación económica con Beijing sobre la Nueva Ruta de la Seda firmado en 2017. Además, se alineó con el discurso de Washington en las críticas hacia la postura de China sobre estas confrontaciones.

Rodrigo Paz (Bolivia) – La llegada del nuevo presidente de Bolivia, que asumió el poder en noviembre, marcó un quiebre con la política exterior de los últimos 20 años casi ininterrumpidos de Gobierno del Movimiento al Socialismo en ese país. El giro representa el fin del alineamiento con Cuba, Nicaragua y Venezuela -en la región-, pero también de Irán, y un acercamiento nítido hacia Washington.

El Gobierno de EE.UU. respaldó a Paz y aseguró una cooperación futura, especialmente en materia de energía e hidrocarburos. Bolivia es uno de los tres países que, junto con Chile y Argentina, conforman el triángulo del litio, y en abril firmó un memorando de entendimiento sobre minerales críticos, con la promesa de atraer más inversiones.

Washington también dio su apoyo a Paz en mayo ante la ola de protestas opositoras que exigen su renuncia.

Laura Fernández (Costa Rica) – La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, asumió en mayo prometiendo la continuidad de los estrechos vínculos que mantuvo su antecesor, Rodrigo Chaves, que fue elogiado por Marco Rubio en su visita a San José.

El Gobierno de Costa Rica firmó en marzo un acuerdo para aceptar a 25 migrantes deportados por semana por EE.UU. “Cuando hay una alianza se persiguen objetivos comunes, como la paz en el hemisferio y el combate al crimen organizado”, justificó Fernández.

Otro elemento clave fue el alineamiento contra China, país al que limitó en sectores estratégicos como la infraestructura digital y las redes 5G.

En mayo, EE.UU. le revocó la visa a varios miembros de la junta directiva de La Nación, uno de los periódicos más importantes de Costa Rica, lo que según el medio podría ser una represalia contra su cobertura crítica. Washington no explicó públicamente las razones de las cancelaciones

Bernardo Arévalo (Guatemala) – Bernardo Arévalo, presidente de Guatemala, se calificó a sí mismo como “uno de los socios de confianza” de Estados Unidos y tuvo gestos en ese sentido. Aunque se distanció de las declaraciones de la republicana Kristi Noem, quien tras su visita a Guatemala afirmó que se había alcanzado un acuerdo de “tercer país seguro” -algo que el propio Arévalo desmintió-, el mandatario mantiene una cooperación activa en materia migratoria. Bajo su gobierno, Guatemala aceptó aumentar en un 40 % el número de vuelos de deportación procedentes de EE.UU., incluyendo no solo ciudadanos guatemaltecos sino también migrantes de otras nacionalidades.

Además, accedió a recibir menores de edad deportados desde territorio estadounidense, una medida que refuerza los compromisos bilaterales pero también expone al país a los riesgos económicos y sociales asociados a las políticas migratorias más duras de Washington, en un contexto donde las remesas representan cerca del 20 % del PIB.

La semana pasada, el Gobierno de Guatemala reconoció que pidió ayuda a Estados Unidos para combatir a grupos del crimen organizado, pero rechazó que ello incluya el despliegue el despliegue de fuerzas extranjeras en su territorio.

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Con información de Germán Padinger, de CNN.

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