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Perdió su permiso por una demora en DACA y pasó de la oficina a vender burritos

Por Susana Erazo, CNN en Español

César llegó a Estados Unidos a los 4 años junto a su hermana menor. En ese país los hermanos cursaron la primaria, la secundaria y la universidad; hicieron amigos, formaron parejas, se atrevieron a imaginar su futuro y construyeron una vida. Una vida sobre la que hoy César dice haber perdido el control.

Aunque considera a Estados Unidos su país, César asegura que apenas comenzó a sentir que las cosas mejoraban en 2012, cuando se convirtió en uno de los beneficiarios de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés), implementado durante la presidencia de Barack Obama.

Un análisis reciente del apartidista Instituto de Política Migratoria (MPI, por sus siglas en inglés) señala que, de los 516.000 beneficiarios activos a junio de 2025, la mayoría residía en California, con un 28%, y que alrededor del 81% de los participantes del programa eran originarios de México.

El programa, que protege temporalmente de la deportación a algunos inmigrantes llevados a Estados Unidos cuando eran niños y les otorga un permiso de trabajo renovable cada dos años, fue la figura legal que le permitió a César seguir soñando.

Así, tras graduarse de la Universidad Estatal Politécnica de California y obtener una beca, César comenzó a trabajar en el área de recursos humanos en una empresa de diseño y fabricación de puertas y armarios. Consiguió un empleo formal que le permitió cubrir los gastos de su hogar y dar estabilidad a su familia en Los Ángeles.

“Cuando tenía mi trabajo, mi vida estaba tranquila; tenía mi rutina y un sueldo más estable”.

Pero esa calma comenzó a desvanecerse desde diciembre del año pasado, cuando tramitó la renovación de su permiso de trabajo bajo DACA y la aprobación no llegó. Tras meses de espera, finalmente perdió su permiso el 28 de marzo.

César dice que, aunque le resultó duro enfrentar la pérdida de su vida cotidiana, tuvo que reaccionar y buscar una salida. “Estuve triste cuando me pasó y también muy decepcionado, pero tenía que encontrar una forma de ganar un sueldo para poder pagar mis facturas y las facturas de mi familia”.

Así fue como decidió empezar a vender burritos en la calle, en North Hollywood. César, originario de México, no tenía idea de cómo comenzar, pero la urgencia de cubrir gastos fue mayor y, sin una receta definida, entre errores y aciertos comenzó a atraer clientes.

“Al principio fue difícil. Los frijoles nos salían salados, el arroz a veces muy seco, pero luego aprendimos a medir las cosas y a encontrar el sabor adecuado”.

Su caso refleja el aumento de beneficiarios que están perdiendo protecciones y permisos de trabajo debido a los retrasos en las renovaciones.

Según datos de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés), el tiempo promedio de espera para las renovaciones tramitadas entre el 1 de octubre de 2025 y el 28 de febrero de 2026 fue de alrededor de 70 días, por encima del promedio de unos 15 días registrado en el año fiscal 2025.

Un portavoz de USCIS dijo a CNN que la administración Trump está protegiendo a los estadounidenses mediante controles y verificaciones más exhaustivos. Agrega que el programa DACA no otorga estatus legal en el país y que sus beneficiarios pueden ser deportados por distintos motivos, entre ellos la comisión de un delito.

En tanto los meses siguen pasando, César se enfoca en “tomar un día a la vez”, mientras al menos por ahora ve un ingreso económico que les permite sostenerse como familia, aunque eso implique otros esfuerzos. “Con mi mamá apenas dormimos. Todavía no hemos ganado lo mismo que ganaba antes, pero estamos creciendo poco a poco”.

Además de él, su hermana también dejó de lado su profesión y ahora se dedica a limpiar hogares en la zona.

La familia no cuenta con representación legal, principalmente por los costos que ese apoyo supondría para su economía, pero se mantiene firme con la esperanza de que vendrán tiempos mejores. “Estamos agradecidos de que todavía estamos aquí y de que la venta de los burritos nos está yendo un poco bien”.

Los retrasos en las renovaciones y la pérdida de permisos afectan a una población en la que el 96,9% de quienes son elegibles para trabajar está empleada. De acuerdo con un estudio del Consejo Estadounidense de Inmigración, los beneficiarios de DACA aportan además unos US$ 11.500 millones en impuestos estatales, locales y federales.

Las cifras más recientes de USCIS indican que casi 25.600 solicitudes de renovación seguían pendientes en septiembre de 2025. Desde entonces no se han publicado datos actualizados, ni tampoco existe un conteo reciente sobre cuántos beneficiarios han perdido sus permisos de trabajo pese a haber presentado su solicitud dentro del plazo de 120 a 150 días recomendado por la agencia.

A pesar de que César y su familia enfrentan semanas complicadas, dice que le parece importante seguir enviando un mensaje a otros dreamers como él. “Que le sigan echando ganas y que no pierdan la esperanza. Y a los que no son dreamers, espero que nos apoyen y nos sigan apoyando en estos momentos difíciles, porque yo no soy el único que está en peligro”.

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