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Haití se dirige al Mundial, trayendo una inusual unidad a un país asediado por la crisis

Por Hira Humayun, CNN

Cuando las pandillas incendiaron el Centro de Goles de la FIFA en la capital de Haití este año, no solo redujeron a cenizas un importante recinto deportivo.

Era el centro del deporte juvenil haitiano, un campo de entrenamiento para talentos y el hogar de los sueños de jóvenes atletas en un país azotado por la violencia.

Meses antes, Louicius Deedson, quien solía ser uno de esos atletas prometedores, había ayudado a hacer historia con la selección nacional de Haití en Curazao.

Allí derrotaron a Nicaragua en la eliminatoria para la Copa del Mundo y aseguraron la participación de Haití en el evento deportivo individual más importante del mundo por primera vez en más de 50 años.

Las calles de Puerto Príncipe cobraron vida con aficionados eufóricos en un breve momento de respiro que contrastó con la turbulencia y las crisis superpuestas que han asolado el país.

“Hacía mucho tiempo que no veíamos al pueblo haitiano tan unido”, dclaró Deedson, de 25 años, quien anotó uno de los dos goles de la victoria para Haití en el partido de noviembre.

Es un logro extraordinario para la selección nacional, que tuvo que entrenar en el extranjero debido a la violenta inestabilidad del país.

Según las Naciones Unidas, las pandillas controlan entre el 80 y el 90 % de la capital, incluyendo zonas donde se ubican algunos de los estadios más importantes del país.

El estadio Sylvio Cator, en el centro de Puerto Príncipe, fue el lugar donde la selección nacional entrenó durante décadas, incluso para su última y única participación en la Copa Mundial en la década de los 70.

Pero el equipo no lo ha utilizado durante años, ya que los grupos armados se han vuelto cada vez más poderosos en el país, especialmente después del asesinato en 2021 del expresidente Jovenel Moïse, que dejó un vacío de poder.

El estadio ahora sirve de refugio a personas que huyen de las pandillas, las cuales controlan las principales rutas de acceso a la capital, interrumpiendo el suministro de bienes esenciales en esta nación caribeña que enfrenta una creciente crisis de hambre.

El miedo impregna todos los aspectos de la vida en algunas zonas de Haití, y el mundo del deporte no es una excepción.

Deedson ha jugado en estadios que ahora están bajo el control de pandillas y lamenta que los niños haitianos que aspiran a formar parte de la selección nacional algún día no puedan usar esas instalaciones vitales.

El centrocampista haitiano, que ahora juega en el FC Dallas de la Major League Soccer, es originario del barrio de Tabarre en Puerto Príncipe.

Las secuelas del terremoto de 2010 y los ataques de pandillas armadas dificultaron la vida diaria, pero Deedson no vivió lo peor. Siendo adolescente, se mudó a Estados Unidos para dedicarse al fútbol y continuar sus estudios.

“Creo que mudarme a Estados Unidos fue lo mejor que me pudo pasar en este momento”, declaró a CNN.

Muchos de los jugadores de la selección nacional nacieron, se criaron y residen en el extranjero, en países como Francia, donde juegan en ligas europeas.

Incluso cuando representaron a Haití durante las eliminatorias para el Mundial, la inestabilidad en el país les impidió jugar partidos como locales, entrenar en estadios haitianos y que su entrenador francés viajara a la nación caribeña.

En cambio, están entrenando en Florida y Nueva Jersey como preparación para el torneo.

Woodensky Pierre es uno de los pocos jugadores de la selección nacional que creció y aún vive en Haití, y el único que actualmente juega en la liga de fútbol del país.

Proviene del barrio empobrecido de Cité Soleil en Puerto Príncipe, donde empezó a jugar al fútbol con su padre cuando era niño, antes de mudarse con su madre.

Al igual que muchos otros niños haitianos, se enfrentó a obstáculos económicos que le impedían tener una prometedora carrera futbolística.

“Hubo un momento en que sentí que nunca llegaría hasta aquí porque las cosas eran muy difíciles, no tenía apoyo, nada”, le dijo a CNN por Zoom desde Puerto Príncipe. “No crecí en una familia rica, mi madre era vendedora ambulante y mi padre siempre tenía trabajos ocasionales. El fútbol era lo único que tenía”.

Incluso hoy en día, los gastos relacionados con el deporte, como el equipamiento, los viajes y los programas, son difíciles de costear para las familias que luchan por llegar a fin de mes, ya que la inestabilidad económica y la violencia armada han afectado gravemente las oportunidades de empleo para muchos haitianos.

Pierre finalmente consiguió una beca de fútbol que le permitió terminar sus estudios.

Pero su ciudad natal, Cité Soleil, sigue siendo un foco de ataques armados. El 11 de mayo, Médicos Sin Fronteras (MSF) suspendió sus operaciones en la zona, ya que los enfrentamientos armados dejaron decenas de heridos y obligaron a cientos de personas a buscar refugio en el centro médico.

Pierre juega actualmente como centrocampista en el Violette Athletic Club, un equipo de la liga haitiana que sigue compitiendo en medio de las múltiples crisis que azotan al país.

El 10 de mayo, el equipo de Pierre ganó la final del campeonato nacional en el estadio Parc Sainte-Therese, en el barrio de Petionville de Puerto Príncipe, una de las pocas zonas de la capital que no está completamente dominada por las pandillas.

Pierre, que formó parte de la selección haitiana para la Copa del Mundo como atleta que jugaba en Haití, espera que se abran oportunidades para que otros jóvenes talentos lleguen algún día a la liga nacional.

En su país, el deporte juvenil no es solo un medio de empoderamiento para los niños que crecen en un entorno violento, sino también una vía de participación para ese grupo vulnerable en un momento en que aproximadamente la mitad de las pandillas de Haití están formadas por menores, según la ONU.

Esta es una de las razones por las que el Ministerio de Juventud, Deportes y Acción Cívica de Haití quiere construir más instalaciones deportivas, una ambición que se ve frustrada por los disturbios en muchos lugares.

“Nos duele ver a un niño con un arma”, declaró a CNN Louis Alex Francois, director de comunicaciones del ministerio. “Oramos para que cesen estos disturbios y podamos estar con los jóvenes y ofrecerles una mejor alternativa, un futuro mejor”.

El exagente de Pierre, Jerome Salbert, afincado en Francia, afirmó que la trayectoria del atleta le ha proporcionado la garra y la resiliencia necesarias para destacar en una carrera futbolística.

“El hecho de que naciera en un barrio difícil de Haití… hizo que desarrollara una mentalidad de guerrero”, declaró Salbert a CNN.

Salbert observó a Woodensky a distancia, ya que no pudo verlo jugar en persona debido a las restricciones de viaje relacionadas con la seguridad, especialmente en el aeropuerto internacional de Puerto Príncipe.

Afirma que esa es solo una de las razones por las que muchos futbolistas haitianos no pueden firmar con agentes que les brinden oportunidades internacionales para impulsar sus carreras.

“El hecho de que el país esté atravesando una crisis humanitaria a veces genera mucha inestabilidad entre los jugadores… porque son jóvenes, no confían fácilmente y, a veces, viven rodeados de pandillas”, declaró Salbert a CNN.

“Para mí, de joven, lo era todo poder ir a la escuela con mis amigos y jugar al fútbol dos veces al día, todos los días”, comentó Deedson, rememorando su infancia en los campos de fútbol de los emblemáticos centros deportivos de Puerto Príncipe.

Pero hoy en día, el aumento de la violencia plantea un panorama muy diferente para los amantes del deporte.

“Sé que hay muchos chicos haitianos muy buenos que solo quieren tener la oportunidad de demostrar su talento”, indicó Deedson. “Hay mucho talento allí que se está desperdiciando en este momento”.

Su propia casa de la infancia en la zona de Puerto Príncipe quedó parcialmente destruida por un incendio provocado por una pandilla el año pasado. Era la casa que sus padres construyeron con tanto esfuerzo para criarlo a él y a su hermana.

Otros miembros de su familia en Haití también han tenido que huir de los ataques de pandillas.

“No es solo mi familia, es todo el mundo en Haití”, apuntó Deedson. Incluso desde Texas, está al tanto de lo que sucede en la nación caribeña y reza para que las cosas mejoren.

Espera que la histórica participación de Haití en la Copa del Mundo pueda contribuir a ello de alguna manera, sea cual sea.

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